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martes, 27 de marzo de 2012

Juan Pablo II es un Hereje










Juan Pablo II es un Hereje

Más allá de las herejías prácticas (como las de la foto); las Herejías que pronunció o escribió Juan Pablo II, son innumerables y evidentes.

Véanse, por ejemplo, las siguientes:
Juan Pablo II, Redemptor hominis, # 13, 4 de marzo de 1979: “Se trata de «cada» hombre, porque cada uno ha sido comprendido en el misterio de la Redención y con cada uno se ha unido Cristo, para siempre, por medio de este ministerio”. 

Juan Pablo II, Redemptoris missio, # 4, 7 de diciembre de 1990: “En el hecho de la Redención está la salvación de todos, ‘porque cada uno ha sido comprendido en el misterio de la Redención y con cada uno Cristo se ha unido, para siempre, por medio de este misterio’” 

Juan Pablo II, Centecimus annus, # 53, 1991: “No se trata del hombre abstracto, sino del hombre real, concreto e histórico: se trata de cada hombre, porque a cada uno llega el misterio de la redención, y con cada uno se ha unido Cristo para siempre a través de este misterio” 

Juan Pablo II, Homilía, 6 de junio de 1985: “La eucaristía es el sacramento de la alianza del cuerpo y sangre de Cristo, de la alianza que es eterna. Esta es la alianza que incluye a todos. Esta sangre llega a todos y a todos salva”. 

Juan Pablo II, Homilía, 27 de abril de 1980: “… Jesús nos hace, en sí mismo, una vez más hijos de su Padre eterno. Él obtiene, de una vez por todas, la salvación del hombre: de cada hombre y de todos…”. 

Juan Pablo II, Audiencia general, 27 de diciembre de 1978: “Jesús es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad hecho hombre, y por lo tanto, en Jesús, la naturaleza humana y la humanidad toda es redimida, salvada, ennoblecida en la medida de la participación en la ‘vida divina’ por medio de la gracia”. 

Juan Pablo II, Redemptor hominis, # 6, 4 de marzo de 1979: “¿No sucede quizá a veces que la creencia firme de los seguidores de las religiones no cristianas, —creencia que es efecto también del Espíritu de verdad, que actúa más allá de los confines visibles del Cuerpo Místico…”. 

Juan Pablo II, Redemptoris missio, # 29, 7 de diciembre de 1990: “La relación de la Iglesia con las demás religiones está guiada por un doble respeto: ‘Respeto por el hombre en su búsqueda de respuesta a las preguntas más profundas de la vida, y respeto por la acción del Espíritu en el hombre’”. 

Juan Pablo II, Redemptoris missio, # 56, 7 de diciembre de 1990: “Las otras religiones constituyen un desafío positivo para la Iglesia de hoy; en efecto, la estimulan tanto a descubrir y a conocer los signos de la presencia de Cristo y de la acción del Espíritu”. 

Juan Pablo II, Discurso en el aeropuerto en Korea, 3 de mayo de 1984: “Vuestro orgulloso y tenaz pueblo, (…) que ha producido estupendos frutos en el arte, la religión y la vida humana. Vuestros antepasados abrazaron esos abrumadores mundos espirituales como el confucionismo y el budismo, haciéndolos, a pesar de todo, verdaderamente vuestros, intensificándolos, viviéndolos e incluso trasmitiéndolos a otros. Wonhyo y Sosan (…) expresan elocuentemente esta hazaña”. 

Juan Pablo II, 6 de mayo de 1984: “… el mundo mira a Corea con especial interés puesto que el pueblo coreano, ha buscado, a lo largo de la historia, en la gran visión ética y religiosa del budismo y el confucionismo, el camino de la auto renovación. (…) ¿Podré dirigir un particular saludo a los miembros de la tradición budista puesto que se preparan para celebrar la festividad de la Venida del Señor Buda? Que vuestra alegría sea completa y vuestro gozo cumplido”. 

Juan Pablo II, Audiencia general, 11 de enero de 1995: “Me complace en esta ocasión asegurar a quienes practican la religión budista mi profundo respeto y sincera estima”. Juan Pablo II, Homilía, 12 de abril de 1997: “… la Iglesia, que sólo busca poder predicar libremente (…) con el respeto (…) por todas las religiones”. 

Juan Pablo II se quitó los zapatos delante del monumento de Gandhi y declaró: “Hoy, como peregrino de la paz, he venido aquí a rendir homenaje a Mahatma Gandhi, héroe de la humanidad”. Juan Pablo II, Discurso del ángelus, 12 de octubre de 1986: “En pocos días iremos a Asís, representantes de la Iglesia católica, de otras iglesias cristianas y comunidades eclesiales, y otras grandes religiones del mundo. (…) He hecho esta invitación a los ‘creyentes de todas las religiones’”. 

Juan Pablo II, Redemtoris missio, # 55, 7 de diciembre de 1999: “Dios (…) no deja de hacerse presente de muchas maneras, no sólo en cada individuo sino también en los pueblos mediante sus riquezas espirituales, cuya expresión principal y esencial son las religiones…”. 

Juan Pablo II, Discurso, 22 de mayo de 2002: “Alabados seáis, seguidores del islam, (…) Alabado seáis, pueblo judío (…) Alabado seáis especialmente, Iglesia ortodoxa…”. 

Juan Pablo II, Redemptoris missio, # 10, 7 de diciembre de 1990: “La universalidad de la salvación no significa que se conceda solamente a los que, de modo explícito, creen en Cristo y han entrado en la Iglesia”. 

El 8 de agosto de 1985, Juan Pablo II oró con animistas africanos (brujos):

Juan Pablo II recordó la reunión: “Particularmente notable fue la reunión de oración en el santuario de Nuestra Señora de la Misericordia en el lago Togo, donde, por primera vez, yo también recé junto a un grupo de animistas”. 

Juan Pablo II, mensaje al “gran jeque Mohammed”, 24 de febrero de 2000: “El islam es una religión. El cristianismo es una religión. El islam se ha convertido en una cultura. El cristianismo también se ha convertido en una cultura (…) Doy gracias a vuestra universidad, el mayor centro de cultura islámica. Agradezco a quienes están desarrollando la cultura islámica…”. 

Juan Pablo II, 21 de marzo de 2000: “Que San Juan Bautista proteja el islam y al pueblo de Jordania…”. 

Juan Pablo II, Discurso a los musulmanes de la mezquita, 6 de mayo de 2001: “Es en las mezquitas e iglesias que las comunidades musulmana y cristiana forman su identidad religiosa, (…) ¿Qué sentido de identidad se les inculca en los jóvenes cristianos y musulmanes en nuestras iglesias y mezquitas? Es mi ardiente esperanza que los líderes religiosos y maestros musulmanes y cristianos presentarán nuestras dos grandes comunidades en un respetuoso diálogo, nunca más como comunidades en conflicto”. 

Juan Pablo II, Encíclica Sollicitudo rei socialis, # 47, 30 de diciembre de 1987: “… y a quienes, como nosotros, creen en Dios justo y misericordioso, es decir, los musulmanes…”. 

Juan Pablo II, Homilía, 13 de octubre de 1989: “… los seguidores del islam que creen en el mismo Dios bueno y justo”. 

Juan Pablo II, Homilía, 28 de enero de 1990: “… nuestros hermanos y hermanas musulmanes (…) que adoran como nosotros al Dios único y misericordioso”. 

Juan Pablo II, Audiencia general, 16 de mayo de 2001: “… los creyentes del islam, a quienes estamos unidos por la adoración del único Dios”. Juan Pablo II, Audiencia general, 5 de mayo 1999: “Hoy me gustaría repetir lo que dije a los jóvenes musulmanes algunos años atrás en Casablanca: ‘Creemos en el mismo Dios…’”. 

Juan Pablo II, Nuevo Catecismo, párrafo 841: “… los musulmanes, que profesan tener la fe de Abraham y adoran con nosotros al Dios único y misericordioso que juzgará a los hombres al fin del mundo”. 

Juan Pablo II, Reunión sobre las raíces del antisemitismo, 1997: “Este pueblo [los judíos], ha sido llamado y guiado por Dios, creador del cielo y la tierra. Su existencia no es apenas un acontecimiento natural o cultural, (…) Es un acontecimiento sobrenatural. A pesar de todo, este pueblo continua siendo el pueblo de la alianza…”. 

Juan Pablo II, Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, párrafo 121: “…porque la Antigua Alianza no ha sido revocada”. 

El increíble mensaje de Juan Pablo II en conmemoración de la sinagoga judía: 

 Juan Pablo II, Mensaje al Gran Rabino de Roma, 23 de mayo de 2004: “Distinguidísimo Dr. Riccardo Di Segni, Gran Rabino de Roma. ¡Shalom! Con profunda alegría me uno a la comunidad judía de Roma que celebra el centenario de la Gran Sinagoga de Roma, un símbolo y un recordatorio de la presencia milenaria en esta ciudad del pueblo de la Alianza del Sinaí. Por más de 2000 años vuestra comunidad ha sido una parte integral en la vida de la ciudad; ella puede gloriarse de ser la más antigua comunidad judía de Europa occidental y de haber desempañado un rol importante en la difusión del judaísmo en todo el continente. La conmemoración de hoy, por lo tanto, adquiere un significado especial (…) Puesto que no estoy en condiciones de asistir en persona, le he pedido a mi vicario general Camillo Ruini que me represente; él está acompañado del cardenal Walter Kasper, presidente de la Comisión de la Santa Sede para las Relaciones con los Judíos. Ellos expresan formalmente mi deseo de estar con vosotros en este día. "Al ofreceros mi respetuoso saludo, distinguido Dr. Riccardo Di Segni, extiendo mi cordial saludo a todos los miembros de la comunidad, a vuestro presidente, el Sr. Leone Elio Paserman, y a todos los que están reunidos para presenciar una vez más la importancia y el vigor del patrimonio religioso que se celebra cada sábado en la Gran Sinagoga de Roma. "La celebración de hoy, en cuya alegría todos nos unimos, recuerda el primer centenario de esta majestuosa Sinagoga. Ella se encuentra en ribera del Tíber, testimoniando con la armonía de sus líneas arquitectónicas la fe y la alabanza al Todopoderoso. La comunidad cristiana de Roma junto al sucesor de San Pedro, se une a vosotros en agradecimiento al Señor por esta feliz ocasión [¡el 100° aniversario de la sinagoga!]. Como dije durante mi primera visita, os saludamos como nuestros ‘queridos hermanos’ en la fe de Abraham, nuestro patriarca (…) vosotros continuáis siendo el pueblo primogénito de la Alianza (Liturgia del Viernes Santo, intenciones generales por el pueblo judío)… "[Estas amistosas relaciones] nos vieron unidos en la conmemoración de las víctimas de la Shoa [los judíos fallecidos que no aceptaron a Cristo], especialmente aquellos que fueron arrancados de sus familias y de vuestra amada comunidad judía en Roma en octubre de 1943 e internados en Auschwitz. Que su memoria sea bendita y nos induzca a trabajar como hermanos y hermanas…” ”… la Iglesia no ha dudado en expresar su profundo pesar por las ‘fallas de sus hijos e hijas en todas las épocas’ y, en un acto de arrepentimiento, ha pedido perdón por su responsabilidad por haber estados conectados de alguna manera con el flagelo del anti-judaísmo y del antisemitismo… ”En el día de hoy, (…) dirigimos una ferviente plegaria al Eterno, al Dios de Shalom, para que la enemistad y el odio nunca más subyuguen a aquellos que acuden a nuestro padre, Abraham – judíos, cristianos y musulmanes… ”Nuestra reunión de hoy es, por así decirlo, en preparación para vuestra inminente solemnidad de Shavout y de nuestro Pentecostés que proclaman la plenitud de nuestras respectivas celebraciones pascuales. Que estas fiestas nos vean unidos en la oración del Hallel pascual de David”. (L’Osservatore Romano, 2 de junio de 2004, p. 7). 

Juan Pablo II, Homilía, 23 de mayo de 2003: “Quiero repetir una vez más, honrarlos también a ustedes, la santa Iglesia ortodoxa…”. 

Juan Pablo II, Homilía, 25 de enero de 1993: “La forma de lograr la unidad, de hecho, dice el documento de la Pontificia Comisión para Rusia, ‘no es el proselitismo sino el diálogo fraterno…’”. Juan Pablo II, Mensaje a “Papa” Shenouda III, 24 de febrero de 2000: “Estoy agradecido por todo lo que habéis dicho, Su Santidad (…) Dios bendiga a la Iglesia del Papa Shenouda. Gracias”. Juan Pablo II, exhortación apostólica post-sinodal Ecclesia in Europa, 28 de junio de 2003: “Al mismo tiempo, quiero asegurar una vez más a los pastores y nuestros hermanos y hermanas de las iglesias ortodoxas que la nueva evangelización de ninguna manera debe confundirse con proselitismo…”. 

Juan Pablo II, Ut unum sint # 62, 25 de mayo de 1995, hablando del cismático y no-católico patriarca de Etiopía: “Con el venerable patriarca de la Iglesia de Etiopía, Abuna Paulos, que me visitó en Roma el 11 de junio de 1993, hemos puesto de relieve la profunda comunión existente entre nuestras dos Iglesias: ‘Compartimos la fe transmitida por los Apóstoles, (…) además, podemos afirmar que profesamos la misma fe en Cristo…’”. Juan Pablo II, Homilía al patriarca cismático Karekin II, 10 de noviembre de 2000: “Estoy muy contento de regresar a Su Santidad una reliquia de San Gregorio el Iluminador… La reliquia será colocada en una nueva catedral que se está construyendo… Mi esperanza es que la nueva catedral se adornará con la belleza aún mayor de la Esposa de Cristo de Armenia”. Juan Pablo II, “Al reverendísimo y muy honorable Rowan Williams, arzobispo de Canterbury”, 4 de octubre de 2003: “Estos encuentros han buscado renovar los vínculos entre la sede de Canterbury y la sede Apostólica (…) Es la fidelidad a Cristo que nos obliga a continuar en la búsqueda de la plena unidad visible y encontrar las formas adecuadas de participación, siempre que sea posible, en testimonio y misión comunes (…) Ruego por una renovada efusión del Espíritu Santo sobre vosotros (…) Que Dios os guarde, cuide y os guíe siempre en el ejercicio de sus altas responsabilidades”. 

Juan Pablo II, 19 de enero de 2004, En una reunión con los luteranos de Finlandia: “... quiero expresar mi gratitud por el progreso ecuménico entre católicos y luteranos en los cinco años desde la firma de la Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación”. Juan Pablo II, Fidei Depositum, 11 de octubre de 1992: “El Catecismo de la Iglesia Católica que aprobé el 25 de junio pasado, y cuya publicación ordeno hoy en virtud de la autoridad apostólica, es una exposición de la fe de la Iglesia y de la doctrina católica, (…) Lo reconozco (…) como norma segura para la enseñanza de la fe”. 

Juan Pablo II, Ut unum sint, # 58, 25 de mayo de 1995: “En función de los estrechísimos vínculos sacramentales existentes entre la Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas (…) la Iglesia católica, según las circunstancias de tiempos, lugares y personas, usó y usa con frecuencia un modo de actuar más suave, ofreciendo a todos medios de salvación y testimonio de caridad entre los cristianos, mediante la participación en los sacramentos y en otras funciones y cosas sagradas (…) No se debe perder nunca de vista la dimensión eclesiológica de la participación en los sacramentos, sobre todo en la sagrada Eucaristía”. Juan Pablo II, Nuevo Catecismo, párrafo 819, hablando de las Iglesias no católicas: “El Espíritu de Cristo se sirve de estas Iglesias y comunidades eclesiales como medios de salvación…”. 

Juan Pablo II, Ut unum sint, # 84, 25 de mayo de 1995, hablando de las “Iglesias” no católicas: “La comunión aún no plena de nuestras comunidades está en verdad cimentada sólidamente, si bien de modo invisible, en la comunión plena de los santos, es decir, de aquéllos que al final de una existencia fiel a la gracia están en comunión con Cristo glorioso. Estos santos proceden de todas las Iglesias y Comunidades eclesiales, QUE LES ABRIERON LA ENTRADA EN LA COMUNIÓN DE LA SALVACIÓN”. 

Juan Pablo II, Ut unum sint, # 83, 25 de mayo de 1995: “Todas las comunidades cristianas saben que una exigencia y una superación de este tipo, con la fuerza que da el Espíritu, no están fuera de su alcance. En efecto, todas tienen mártires de la fe cristiana”. 

Juan Pablo II, Discurso al patriarca cismático no católico Karekin II, 9 de noviembre de 2000: “Una vez más, agradezco a usted, Santidad, por su disposición a formar parte de la liturgia en la persona de su representante. En efecto, ‘tal vez la forma más convincente del ecumenismo es el ecumenismo de los santos y de los mártires. La communio sanctorum habla más fuerte que las cosas que nos dividen’”. 

Juan Pablo II, Ut unum sint, # 1, 25 de mayo de 1995: “El valiente testimonio de tantos mártires de nuestro siglo, pertenecientes también a otras Iglesias y Comunidades eclesiales no en plena comunión con la Iglesia católica, infunde nuevo impulso a la llamada conciliar y nos recuerda la obligación de acoger y poner en práctica su exhortación”. 

Juan Pablo II, Salvifici doloris, # 22, 11 de febrero de 1984: “La resurrección de Cristo ha revelado ‘la gloria del siglo futuro’ y, contemporáneamente, ha confirmado ‘el honor de la Cruz’: aquella gloria que está contenida en el sufrimiento mismo de Cristo, y que muchas veces se ha reflejado y se refleja en el sufrimiento del hombre, como expresión de su grandeza espiritual. Hay que reconocer el testimonio glorioso no sólo de los mártires de la fe, sino también de otros numerosos hombres que a veces, aun sin la fe en Cristo, sufren y dan la vida por la verdad y por una justa causa. En los sufrimientos de todos éstos es confirmada de modo particular la gran dignidad del hombre”. 

Juan Pablo II, Discurso de ángelus, 19 de septiembre de 1993: “En el espacio sin límites de Europa oriental, la Iglesia ortodoxa también puede decir al final de este siglo lo que los Padres de la Iglesia ha proclamado acerca de la propagación inicial del Evangelio: 'Sanguis martyrum - semen Christianorum' [la sangre de los mártires es la semilla de cristianos]”. 

Juan Pablo II, Tertio millennio adveniente, # 37, 10 de noviembre de 1994: “El testimonio ofrecido a Cristo hasta el derramamiento de la sangre se ha hecho patrimonio común de católicos, ortodoxos, anglicanos y protestantes, como revelaba ya Pablo VI en la homilía de la canonización de los mártires ugandeses”. Juan Pablo II, Tertio millennio adveniente, # 37, 10 de noviembre de 1994: “… es preciso que las Iglesias locales hagan todo lo posible por no perder el recuerdo de quienes han sufrido el martirio,recogiendo para ello la documentación necesaria. Esto ha de tener un sentido y una elocuencia ecuménica. El ecumenismo de los santos, de los mártires, es tal vez el más convincente. La communio sanctorum habla con una voz más fuerte que los elementos de división”. 

Juan Pablo II, Ut unum sint, # 84, 25 de mayo de 1995: “Si nos ponemos ante Dios, nosotros cristianos tenemos ya un martirologio común. Este incluye también a los mártires de nuestro siglo, más numerosos de lo que se piensa…”. 

Juan Pablo II, Ut unum sint, # 84, 25 de mayo de 1995: “En la irradiación que emana del ‘patrimonio de los santos’ pertenecientes a todas las comunidades, el ‘diálogo de conversión’ hacia la unidad plena y visible aparece entonces bajo una luz de esperanza. En efecto, esta presencia universal de los santos prueba la trascendencia del poder del Espíritu”. Juan Pablo II, Audiencia general, 12 de mayo de 1999: “La experiencia del martirio se unió a los cristianos de varias denominaciones en Rumania. Los ortodoxos, católicos y protestantes dieron un testimonio unido a Cristo por el sacrificio de sus vidas”. 

Juan Pablo II, 24 de octubre de 2001: “La Iglesia católica, por su parte, observa con respeto este sorprendente impulso y la planificación con visión de futuro (…) La Iglesia se interesa mucho por los valores y objetivos que son de fundamental importancia también para la China moderna: la solidaridad, la paz, la justicia social…”. 

En su Audiencia general del 21 de julio de 1999, Juan Pablo II dijo que el INFIERNO no era un lugar real:

 El 28 de julio de 1999, Juan Pablo II dijo: 1) “Es precisamente esta trágica situación que explica la doctrina cristiana cuando habla de la condenación eterna del infierno. No es un castigo impuesto externamente por Dios, sino un desarrollo de premisas ya puestas por el hombre en esta vida”. 2) “Mediante el uso de imágenes, el Nuevo Testamento presenta el lugar destinado a los malhechores como un horno ardiente, donde habrá ‘llanto y rechinar de dientes’ (…) Las imágenes del infierno que la Sagrada Escritura nos presenta deben ser interpretadas correctamente. Ellas expresan la completa frustración y vaciedad de una vida sin Dios. En vez de un lugar, el infierno indica el estado de aquellos que libremente y definitivamente se alejan de Dios, fuente de toda vida y felicidad”. 3) “La condenación eterna sigue siendo una posibilidad real, pero que no tenemos garantizado saber, sin una especial revelación divina, si los seres humanos, ni tampoco cuáles, están efectivamente involucrados en ella. El pensamiento del infierno no debe crear – y mucho menos el uso indebido de imágenes bíblicas –ansiedad o desesperación, sino que es un recordatorio necesario y saludable de la libertad dentro de la proclamación de que Jesús resucitado ha vencido a Satanás, dándonos el Espíritu de Dios, que nos hace exclamar: ¡Abba, Padre!” 

Juan Pablo II, 21 de mayo de 2002: “El Día de la Oración por la Paz en el pasado enero 24, proclamó tomar en serio la necesidad de promover el ‘Decálogo de Asís’, ayudar a crear un mundo más justo y solidario”. 

Juan Pablo II, primera homilía, marcando para siempre el inicio de su ministerio pastoral, el domingo 22 de octubre 1978: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo” (Mt 16,16). Estas palabras fueron pronunciadas por Simón, hijo de Jonás, en la región de Cesarea de Filipo (…) Estas palabras marcan el comienzo de la misión de Pedro en la historia de la salvación...”. “En este día y en este lugar esas mismas palabras deben ser pronunciadas y escuchadas de nuevo: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo’. Sí, hermanos, hijos e hijas, en primer lugar estas palabras (…) por favor, escúchenlas una vez más hoy en este lugar sagrado, las palabras pronunciadas por Simón Pedro. En esas palabras está la fe de la Iglesia. En estas mismas palabras está la nueva verdad, en verdad, la verdad última y definitiva acerca del hombre: el Hijo del Dios viviente – ‘Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo’”. 

Juan Pablo II, Audiencia general, 22 de febrero de 1984: “… para que las conciencias pueden ser liberadas en la plena verdad del hombre, que es Cristo, ‘paz y misericordia’ para todos”. 

Juan Pablo II, Homilía, 17 de diciembre de 1991: “Queridos hermanos y hermanas, mirad a Cristo, la Verdad sobre el hombre…”. 

Juan Pablo II, Homilía, 10 de diciembre de 1989: “… enderezad el camino del Señor y del hombre…”. 

 Juan Pablo II, Homilía, 10 de agosto de 1985: “El día de hoy, en la consagración de vuestra catedral, deseamos ardientemente que ella se convierta en un ‘verdadero templo de Dios y del hombre’...”. 

Juan Pablo II, 25 de diciembre de 1978: “La Navidad es la fiesta del hombre”. 

 Juan Pablo II, 25 de diciembre de 2001: “… hagamos una pausa en la adoración en la gruta, y la contemplación en el Redentor recién nacido. En Él podemos reconocer el rostro de cada niño que nace…”. Juan Pablo II, 25 de diciembre de 1985: “¿Qué es la gracia? La gracia es precisamente la manifestación de Dios (…) La gracia es Dios como ‘nuestro Padre’. Es el Hijo de Dios (…) Es el Espíritu Santo (…) La gracia es, también, el hombre…”. 

 Juan Pablo II, 31 de marzo de 1991: “Que el respeto al hombre sea total (…) Todo delito contra la persona es una ofensa contra Dios…”. Juan Pablo II, 24 de enero de 2002: “Atentar contra hombre es, sin duda, atentar contra la Dios”. 

 Juan Pablo II, Discurso al embajador de Túnez, 27 de mayo de 2004, p. 8: “… Por su parte, la modesta comunidad católica que vive en Túnez no tiene otra ambición que dar testimonio de la dignidad del hombre…”. 

Juan Pablo II, Homilía, 24 de junio de 1988: “… Dios quiere encontrar en el hombre a toda la creación”. Esto significa que en el hombre se puede encontrar toda la creación. 

 Juan Pablo II, Discurso a los Misioneros de la Preciosa Sangre, 14 de septiembre de 2001: “Y en el momento de la Pascua esta alegría llegó a su plenitud como la luz de la gloria divina resplandeció en el rostro del Señor resucitado, cuyas heridas brillan siempre como el sol. Esta es la verdad de quien sois, queridos hermanos…”. 

Juan Pablo II, Redemptor hominis, 4 de marzo de 1979: “EN REALIDAD, ESE PROFUNDO ESTUPOR RESPECTO AL VALOR Y A LA DIGNIDAD DEL HOMBRE SE LLAMA EVANGELIO, ES DECIR, BUENA NUEVA. SE LLAMA TAMBIÉN CRISTIANISMO”. 

Estos son sólo algunos ejemplos de sus incontables herejías; signo evidente de su anticristianismo diabólico y apocalíptico. Para la explicación completa de estas herejías y el contraste notorio con la Doctrina Católica de Siempre, profesada unánimemente por todos los Papas verdaderos; ver aquí:
 de donde nos hemos servido para hacer este post.



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