Si alguno

martes, 8 de mayo de 2012

Tener la muerte presente ante los ojos todos los días


Tomado de la Regla de San Benito, que ha inspirado a innumerables hombres y mujeres,dentro y fuera de los claustros, en su caminar hacia Dios. Y sigue inspirando todavía a quienes la aceptan como maestra.

          Capítulo IV, ¿Cuáles son los instrumentos de las buenas obras?

Ante todo, «amar al Señor Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las
fuerzas»,
2 y además «al prójimo como a sí mismo». 3 Y no matar. 4 No cometer adulterio. 5
No hurtar.
6 No codiciar. 7 No levantar falso testimonio, 8 Honrar a todos los hombres 9 y
«no hacer a otro lo que uno no desea para sí mismo».10
Negarse sí mismo para seguir a Cristo. 11 Castigar el cuerpo. 12 No darse a los
placeres,
13 amar el ayuno. 14 Aliviar a los pobres, 15 vestir al desnudo, 16 visitar a los
enfermos,
17 dar sepultura a los muertos, 18 ayudar al atribulado, 19 consolar al afligido.
20
Hacerse ajeno a la conducta del mundo, 21 no anteponer nada al amor de Cristo. 22 No
consumar los impulsos de la ira
23 ni guardar resentimiento alguno. 24 No abrigar en el
corazón doblez alguna,
25 no dar paz fingida, 26 no cejar en la caridad. 27 No jurar, por temor
a hacerlo en falso;
28 decir la verdad con el corazón y con los labios.
29
No devolver mal por mal, 30 no inferir injuria a otro e incluso sobrellevar con
paciencia las que a uno mismo le hagan,
31 amar a los enemigos, 32 no maldecir a los que le
maldicen, antes bien bendecirles;
33 soportar la persecución por causa de la justicia.
34
No ser orgulloso, 35 ni dado al vino, 36 ni glotón, 37 ni dormilón, 38 ni perezoso, 39 ni
murmurador,
40 ni detractor.
41
Poner la esperanza en Dios. 42 Cuando se viera en sí mismo algo bueno, atribuirlo a
Dios y no a uno mismo;
43 el mal, en cambio, imputárselo a sí mismo, sabiendo que
siempre es una obra personal.44
Temer el día del juicio, 45 sentir terror del infierno, 46 anhelar la vida eterna con toda
la codicia espiritual,
47 tener cada día presente ante los ojos a la muerte.
48 Vigilar a todas horas la propia conducta,
49 estar cierto de que Dios nos está mirando en todo lugar. 50
Cuando sobrevengan al corazón los malos pensamientos, estrellarlos inmediatamente contra
Cristo y descubrirlos al anciano espiritual.
51 Abstenerse de palabras malas y deshonestas, 52
no ser amigo de hablar mucho,
53 no decir necedades o cosas que exciten la risa, 54 no
gustar de reír mucho o estrepitosamente.
55
Escuchar con gusto las lecturas santas, 56 postrarse con frecuencia para orar, 57
confesar cada día a Dios en la oración con lágrimas y gemidos las culpas pasadas,
58 y de
esas mismas culpas corregirse en adelante.
59
No poner por obra los deseos de la carne, 60 aborrecer la propia voluntad, 61 obedecer
en todo los preceptos del abad, aun en el caso de que él obrase de otro modo, lo cual Dios
quiera que no suceda, acordándose de aquel precepto del Señor: «Haced todo lo que os
digan, pero no hagáis lo que ellos hacen»
62
No desear que le tengan a uno por santo sin serlo, sino llegar a serlo efectivamente,
para ser así llamado con verdad.
63 Practicar con los hechos de cada día los preceptos del
Señor;
64 amar la castidad, 65 no aborrecer a nadie, 66 no tener celos, 67 no obrar por envidia,

68
no ser pendenciero, 69 evitar toda altivez. 70 Venerar a los ancianos, 71 amar a los jóvenes.

72
Orar por los enemigos en el amor de Cristo, 73 hacer las paces antes de acabar el día con
quien se haya tenido alguna discordia.
74
Y jamás desesperar de la misericordia de Dios.

75
Estos son los instrumentos del arte espiritual. 76 Si los manejamos incesantemente día
y noche y los devolvemos en el día del juicio, recibiremos del Señor la recompensa que
tiene prometida:
77 «Ni ojo alguno vio, ni oreja oyó, ni pasó a hombre por pensamiento las
cosas que Dios tiene preparadas para aquellos que le aman».
78
Pero el taller donde hemos de trabajar incansablemente en todo esto es el recinto del
monasterio y la estabilidad en la comunidad.

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