Si alguno

miércoles, 23 de marzo de 2016

Meditación de cuán gran mal sea comulgar en pecado mortal



   


       Considera la enormidad de este pecado: ella es tal, que no se puede con el entendimiento bastantemente comprender, y causa horror solo el pensarla; porque si es gravísimo sacrilegio rasgar las imágenes de los santos o de un crucifijo, y pisarlas, escupir dentro de un cáliz consagrado, etc. considera, cuán enorme exceso será recibir el mismo Cristo en pecado mortal, aposentar en un pecho sucio el Cordero purísimo y sin mancilla. Esto es ultrajar, no a los santos, mas al Santo de los santos; no a la figura, mas al figurado: es hacer desprecio, no del cáliz, sí de la misma sangre preciosísima, que el mismo Cristo derramó por nosotros en la cruz. En fin, esto se puede llamar el mayor de todos los sacrilegios: pues no es injuriar las cosas sagradas, mas el Señor que las hace sagradas. Los santos llaman a este pecado: crimen laesae Majestatis Divina; y dicen, que es semejante al del alevoso Judas, y como el que cometieron los hebreos crucificando a Cristo, y aun en cierta manera es mayor; pues si los hebreos lo crucificaron, fue, no conociéndole por verdadero Dios, y esto hicieron viviendo este Señor en carne pasible; mas ahora los cristianos que comulgan en pecado mortal, le conocen y le confiesan por su Señor, y cometen esta enormidad, reinando en el cielo, glorioso e impasible. Exceso es este para pasmar al cielo, a la tierra y al mismo Infierno. O dulcísimo Jesús, cuál debe de ser vuestro disgusto, viéndoos ofender en aquello, en que nos dejastes una tan entraña prenda de vuestro fino amor! En verdad, que lleva marca de condenado, quien se atreve a maldad tan execrable.


       Considera los males, que causa en el alma la Comunión en pecado mortal. Este pan de vida se le convierte en veneno, que causa la muerte espiritual del alma, y aun tal vez la del cuerpo, diciendo el Apóstol, que muchos en su tiempo enfermaban por esto y aun morían. El que así comulga, come y bebe la sentencia de su condenación, dice el mismo San Pablo: Quien le come y bebe indignamente, come y bebe el juicio contra si mismo, y se hace reo del cuerpo y sangre de Jesucristo; de manera, que el que comete tal enormidad, no ha menester proceso, ya está convencido por reo, ya tiene promulgada sentencia contra si mismo. Puede en algún modo decirse que este atrevimiento de comulgar en mal estado, ata las manos a la misericordia de Dios, para que no perdone los pecados de que así comulga; porque en los tribunales de la justicia temporal, aun de pecados atroces cometidos contra personas particulares, se alcanza el perdón, o por intercesores, o con dinero; mas en cuanto a los delitos cometidos contra la persona del príncipe, ni valen súplicas, ni aprovechan dineros, solo el castigo tiene lugar. Eso mismo debe con verdad temer el que es tan desalmado, que pone sus sacrílegas manos en la misma persona de Jesucristo, recibiéndole en pecado mortal. O Señor, no permitáis jamás que alguno de nosotros se atreva a cometer tal enormidad! Mas haced, que mil veces muramos , antes que lleguemos a recibir este pan de vida, estando muertos a la gracia; y ayudadnos  con vuestra divina asistencia para limpiar primero nuestras almas, como nos aconseja el Apóstol: pruébese el hombre a sí mismo: y así como de aquel pan y beba del cáliz.


     Considera , quienes son los que indignamente comulgan, para que tu no seas uno de ellos. 1 Son todos aquellos, que por un poco de vergüenza, que sienten en manifestar los pecados mas graves, hacen la confesión sacrílega: y sin embargo se acercan al Santísimo Sacramento con conciencia manchadas. Temen a un hombre, que es el confesor, y no temen a Dios, que por tan gran maldad puede hacer abrir la tierra, para que los trague vivos. 2 Comulgan aun indignamente , los que hacen sus confesiones sin verdadero dolor y firme propósito de enmendarse. Siempre están confesando , y siempre vuelven al vómito de los pecados mismos, no haciendo diligencia alguna para desarraigar los malos hábitos que han contraído pecando, ni alejándose de las ocasiones, que les hicieron caer. 3 Todos aquellos que se acercan a las Sagrada mesa del Altar para recibir el mansísimo Cordero , llenos de odio implacable contra aquellos, que los han ofendido: y así como quien metiese un sano licor en un vaso envenenado, le haría adquirir las calidades del veneno; así se puede decir que convierten estos en daño de sus almas la santa Comunión, a causa de recibirla con el tósigo del odio. Para que pues este pan de vida no sea para para ti comida de muerte, limpia con diligencia tu alma  de todo pecado mortal: haz una buena y entera confesión, con verdadero dolor y firme propósito de enmendar tus costumbres: quita aun de tu corazón toda aversión y odio; y de esta manera este divino manjar será para tu alma pan de vida eterna: quien come este pan vivirá eternamente


Manual de piadosas meditaciones, de singular provecho para eclesiásticos como seculares por los PP. De la casa de la congragación de la Misión de esta ciudad. 1833


¿Dónde ir a Misa o confesarse en estos días?

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