Si alguno

viernes, 8 de septiembre de 2017

La bestia antigua Roma y sus Comedias profanas


Incentivo vehemente de lujuria que hay en las Comedias profanas, y en las fabulas amatorias y en la lición de sus libros


Farsa: Obra de teatro burlesca que tiene como fin hacer reír.




 El insigne Padre de la iglesia católica San Isidoro dice que los primeros autores de las Comedias profanas fueron los demonios, los cuales en tiempo de los romanos gentiles, y en ocasión que padecían grandes trabajos, les hablaron sus simulacros para que aplacasen a sus falsos dioses con estas torpes representaciones, que son fomentos de feísimos vicios.


  400 años después de la fundación de Roma dice San Agustín, que los romanos enviaron a los Comediantes a la provincia de Histria, de donde tomaron el apellido de histriones que con feas representaciones y juegos torpes divertían al pueblo. Por lo cual desde entonces los farsantes se llamaron Histriones, que quiere decir: Hombres de juegos, chanzas y burlas.


El mismo San Agustín refiere que el demonio se le apareció a Tito Latino, senador romano estando durmiendo y le dijo que volviese hacer y representar las Comedias públicas con que el pueblo gentil se divertía mucho y vivía en su libertad. Esta doctrina del enemigo infernal siguen muchos malos cristianos dice el santo, porque no buscan sino los placeres malos de este mundo maligno.


San Cipriano dice que la ruina fatal de los pueblos cristianos son las farsas y comedias profanas; porque con ellas se fomentan los vicios y se destierran las buenas costumbres como nos los enseña la experiencia.



San Juan Crisóstomo persuade con eficacia que no se toleren las Comedias y representaciones profanas; porque de ellas dice el santo salen los discursos para fraguar los delitos, que tal vez no se pensaban. De ellas sacan liciones para no ser castos los mozos; para ser adúlteros los casados, para perderse las doncellas recatadas; para manchar los matrimonios, y para destruir las casas, honras, haciendas y vidas.


El insigne Tertuliano dice que las farsas y Comedias profanas son la peste de las ciudades y de los pueblos cristianos. Son la cátedra de pestilencia donde se enseñan todas las maldades juntas. Son el incendio voraz de toda concupiscencia y torpeza. Regularmente cuanto hay en las Comedias profanas es torpísimo; las acciones, las palabras, los adornos, los meneos, los cantos, las músicas, las melodías, y los melindres lascivos con que hechizan no solo a los mancebos y jóvenes de pocos años, que los abrazan en torpeza, sino también a los ancianos, que los irritan en lascivia rabiosa.


San Juan Crisóstomo persuade, que las Comedias profanas son escuela de los vicios y universidad de iniquidades, como de la lengua indómita lo dijo el Apóstol Santiago: El lingua ignis eft universitas iniquitates, allí aprenden las adulteras las traiciones, las doncellas lo malo que no saben, y todos, y todas lo que no les conviene para su honestidad y decencia, ni para la salvación eterna de sus almas. Allí se fraguan discordias y riñas, y muchos homicidios.


Aquellas estultas risas, son ocasión de muchos llantos. Las Comedias profanas son el arcaduz del infierno por donde se comunica la maldad y la malicia. Los Comediantes son los portadores del diablo para introducir en los reinos los nuevos trajes escandalosos con que destruyen el mundo y relajan las buenas costumbres. Todo es del citado Santo.


Las Comedias profanas están prohibidas en ambos derechos, y declarado por Oficio vil el de los Farfanes, como lo prueba el apostólico Padre Fr Josehp de Villalba en su antorcha espiritual.
Allí cita por su sentir a San Agustín, con una prueba eficaz y bien autorizada donde se puede ver.


Muchos graves teólogos con el angélico santo Tomas afirman que si en los Comediantes representan cosas torpes y amores lascivos, pecan mortalmente, por la ocasión de pecar en que ponen a los que los oyen. Así lo llevan Cayetano, Paludano y Silvestro.


El Derecho canónico con una autoridad de san Cipriano niega la sagrada comunión a los comediantes profanos. Porque le pareció al santo que se afeaba la pureza de la santa Iglesia y se ofendía al Señor de la majestad con tan infame contagio.


En el Código se  prohíbe que puedan ser sacerdotes los farsantes. Y en la Sexta synodo general congregada por el Papa Agatón; y el concilio de Laodicea en tiempo de San Damaso; y el Arelatense, en tiempo de San Silvestro, disponen que los Farsantes sean apartados de la sagrada comunión sino quieren dejar este mal oficio.


En el Concilio Cartaginense cuarto fueron excomulgados los que en las fiestas van al teatro de las Comedias profanas; y en los Derechos canónico y civil se hallaran muchas prohibiciones contra los farsantes; y también los sagrados concilios, citados por el apostólico Villalba, condenan por malas las Comedias profanas; porque con ellas se destruyen las buenas costumbres, y se ocasiones muchas culpas en las almas.


Las Farsas son el estrago de los reinos católicos, contagio de los pueblos y ruina de las virtudes castas y santas.
Por el servicio de Dios y del bien público dice san Cipriano, se debieran desterrar los farsantes del mundo y obligarles a que busquen otro oficio, con que vivan y hagan penitencia de las culpas propias, y de las que han ocasionado con sus torpes representaciones.


              Del libro: Estrago de la lujuria y sus remedios

    
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